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El Origen

La Fundación Roberto Oliveros Rivas A.C. toma el nombre de su fundador, un médico amado por todos sus pacientes, certero en sus diagnósticos y bienhechor de cientos de personas. Entre las las obras que hizo posibles podemos mencionar la construcción del pueblo modelo de Gasca en Guanajuato, asimismo la Fundación Justicia y Amor y nuestra propia Fundación.

La Fundación fue legalmente constituida en julio de 1994 por el Lic. Francisco Lozano, Notario No. 10 de la Ciudad de México. A la par de los documentos de su constitución se firma la Escritura de la hermosa finca en Temamatla, Estado de México, donde realizamos actualmente nuestras actividades. Días seguidos a la firma, se celebra la primera asamblea presidida por nuestro presidente el Dr. Roberto Oliveros Rivas y los socios fundadores. Sus palabras cálidas y animosas, para llevar los objetivos de la fundación a ser una realidad, fueron la chispa que echó a andar los primeros proyectos.
 
Un filósofo y una pedagoga son una buena combinación para empezar una fundación. “Una filosofía que no empieza por fundamentar la infinita dignidad de cada persona humana, no vale para nada”, decía el filósofo. La pedagoga, con un equipo de lo más entusiasta, enfrentaba los problemas fundamentales de la zona: la falta de agua para una población de agricultores, en su mayoría ejidatarios; la necesidad de trabajo y dinero en las familias; los préstamos usureros por falta de ahorro; la baja estima y autoestima de la mujer y el poco interés por los libros y la lectura.
 
La Fundación entonces inició proyectos que ayudarían a contrarrestar estos problemas: proyectos agropecuarios; construcción de hoyas para la recolección del agua de lluvia; fondo de ahorro y crédito para financiar los pequeños negocios de conejos, hortalizas, etc.; pequeñas cooperativas de producción para mujeres y cooperativas agrícolas para campesinos; grupos mixtos y de mujeres en las comunidades; reuniones regionales para propiciar relaciones entre comunidades; biblioteca pública con préstamo de libros, círculos de lectura e Internet.
 
El pequeño equipo de trabajo se ha respaldado en voluntarios nacionales y extranjeros. Una excelente ayuda fue la Asociación Canadiense de Desarrollo Internacional - Centre International Solidarité Ouvrier (ACDI-CISO), que con jóvenes profesionistas recién salidos de la universidad nos brindó su apoyo durante 6 años que duró el proyecto acordado.
 
Con el Tratado del Libre Comercio, el interés por México y su realidad creció entre los norteamericanos y canadienses. Se decidió por tanto preparar cursos anuales y trinacionales: “Consciencia tercermundista en una realidad global”. Se impartieron conferencias, y se compartieron experiencias vividas durante los trabajos en la zona y en los lugares de los participantes mexicanos y extranjeros. Entre los asistentes surgieron buenas amistades y relaciones de ayuda internacional para nuestros proyectos.
 
Una experiencia educativa muy especial fue la de los cursos a Unión Provisa, la fábrica que durante 16 años sostuvieron los trabajadores en forma autogestiva y que tuvo que ser cerrada finalmente por no poder soportar la competencia internacional.